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"Es así" de Héctor Morán: Reseña

  • Foto del escritor: Cámara rota
    Cámara rota
  • 21 feb
  • 2 Min. de lectura


Por Guillermo Romo de los Reyes 


En el teatro mexicano actual, donde la memoria histórica y las estructuras de poder siguen siendo un terreno de lucha, Es así de Héctor Morán se siente como una obra imprescindible. Publicada en 2024 por Ediciones Arboreto, esta pieza no solo reafirma el talento de Morán como dramaturgo, sino que también funciona como un espejo incómodo que refleja esas cicatrices que a veces preferimos no ver.


La historia nos lleva a un pueblo donde el pasado y el presente se mezclan en una tensión constante. Hay silencios que dicen más que las palabras. Luis, el protagonista, carga con recuerdos dolorosos, marcados por la ausencia de su primo Mauro, una figura ambigua que encarna el poder, la devoción y el miedo. Su madre, Mirna, prefiere sostenerse en una versión de los hechos que la ayude a seguir adelante, mientras el pueblo entero observa, calla y repite la historia oficial. La posibilidad de que Mauro regrese se convierte en una especie de profecía inquietante, un choque entre lo sagrado y lo ominoso donde la justicia se pierde entre fiestas y rezos.


Uno de los puntos más logrados de Es así es su atmósfera. Morán no necesita grandes artificios para construir una escena cargada de significado. La luz y la sombra funcionan como códigos visuales que marcan lo que se muestra y lo que se esconde. El lenguaje, por momentos poético, por momentos brutal, nos lleva de la mano entre murmullos, confesiones y silencios que pesan. Detalles como un florero o una vela adquieren una fuerza simbólica que, sin forzarlo, afirman la idea de que aquí todo tiene un significado oculto.


El teatro es, entre muchas cosas, un espacio para incomodar, para resistir y para lanzar preguntas. Y Es así lo hace sin contemplaciones. ¿Qué peso tienen los secretos en una comunidad? ¿Es la memoria algo que nos protege o algo que nos condena? ¿Quiénes son los que callan y quiénes los que siguen contando la historia? Morán no da respuestas fáciles. Solo deja las preguntas en el aire, y es el espectador quien debe sentarse con ellas.


En tiempos donde la violencia sigue latente y la memoria histórica sigue en disputa, Es así nos recuerda que lo que no se nombra no desaparece. Con una puesta en escena contenida pero demoledora, Morán nos obliga a mirar de frente lo que muchos prefieren dejar en las sombras. Y es imposible salir de esta obra sin llevarse algo dentro.




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